No esperes nada de tus hijos

21/06/2018

¡Vaya! Seguro que más de uno acaba de quedarse paralizado ante tal afirmación. Pero es que, con los niños, debemos eliminar la intención de nuestras acciones. ¿Qué quiere decir esto? Que no tenemos que hacer las cosas esperando algo a cambio. Cuando eliminamos la intención, dejamos de pedir cosas a los niños, haciéndolos más libres y más seguros de sí mismos.

Ponemos un ejemplo… ¿A qué edad dirías que un niño tiene que empezar a leer? Correcto: a partir de los 7 años. Hacerlo antes sería ir en contra del desarrollo natural del pequeño. Como os hemos contado en varias ocasiones, durante los 7 primeros años de vida, el niño tiene que desarrollar sus capacidades motoras y la educación se enfoca únicamente en el juego libre, el descubrimiento y la imitación. Sin embargo, muchos padres quieren que sus hijos aprendan a leer cuanto antes. ¿Por qué? Porque tienen miedo (a que luego no sean capaces de hacerlo) y prisa (hacerlo cuanto antes). Aquí vemos una clara intención de los padres que va en contra del proceso madurativo del niño.

Ahora me dirás, pero oye, es que todo el mundo tiene una intención. Error. Una cosa es la intención y otra la vocación. La intención tiene que ver más con el exterior, con hacer cosas para la aprobación de los demás. Y la vocación con nuestro interior, con quiénes somos o queremos ser.

Nuestra misión es justo esa, mirarnos dentro y definir qué es lo que queremos para nosotros y nuestra familia. Establecer un camino de vida, que permita acercarnos a nosotros mismos.

Si te das cuenta, la gente más segura es la que tiene más amor al otro, sin esperar nada a cambio. Prevalece el YO amable, no guiado por el YO defensivo, que busca la aprobación externa. Y, aunque parezca mentira, es en los hechos cotidianos donde es más difícil eliminar esa intención.

Para ello un buen recurso es la gestión de la previsión en el niño. Establecer unos buenos hábitos. Y evitar el excesivo consumismo. Recuerda que durante los 7 primeros años de vida del niño nuestra principal tarea es protegerlo, para que después pueda florecer y luego madurar.

Está en nuestra mano no meterle prisa, no esperar cosas de él, no proyectar, dejarle ser libre, cuidando lo básico (alimento, descanso y juego) y que, por supuesto, sea querido. No hay más.

Empieza a eliminar la intención de tu vida y serás más libre. Tus hijos también. 

“Vivir en el amor por la acción y dejar vivir por la comprensión de la voluntad ajena, esta es la máxima fundamental del hombre libre.” Rudolf Steiner

 

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