¿Qué es lo mejor para mi hijo o mi hija? Joaquín Ortega

03/06/2019

Hace muchos años pregunto a los padres que es lo que desean para su hijo y todos o una alta mayoría me responden que sea feliz.

Pero claro, qué es ser feliz. Debemos ir a verlo a cada familia y en muchos casos, a cada niño o niña, a cuáles son sus necesidades básicas, esas que nos unen a todos como comer, descansar, hidratarnos y relacionarnos con los demás y luego, otras que son emocionales y que cada ser humano las vive de manera distinta y nos hace especiales.

Lo primero que debemos distinguir es entre mi deseo como padre o madre, es decir la forma en que quiero que sea mi hijo, y lo que realmente él necesita. Yo no conozco a ningún ser humano que le hagan feliz los deseos de otro. Por eso, como padre es tan importante que acompañes a tu hijo o hija, ayudándole en su camino a lo que tenga ser ese niño que estará más cercano y agradecido a sus padres por haberlo acompañado.

Enumeramos las necesidades más específicas para poder acompañar mejor a nuestro hijo y que nuestros deseos no nos influyan en su acompañamiento:

  • Ofrecer al niño lugares seguros y de protección: sitios donde nosotros nos encontremos cómodos y ellos sientan nuestra protección.
  • Alcanzar una conexión emocional con nuestro hijo: tenemos que estar en equilibrio con nosotros mismos para poder escuchar al niño y ser empático con sus emociones; si entendemos al niño, él nos lo agradecerá eternamente.
  • Pasar tiempo con el niño: salir de los tópicos de calidad mejor que cantidad, un hijo lo que anhela es pasar tiempo con sus padres, eso sí que estos estén presentes.
  • Asumir que somos sus padres: no somos ni sus amigos ni sus criados, ni ellos lo son de nosotros, somos personas que les generamos confianza para recorrer el camino de la vida.
  • Establecer buenos límites: el niño a partir de un año ya comprende que sus padres le quieren y cada vez que le ponen un límite claro y entendible para su edad, les regala amor. Un niño sin límites o con límites por encima de su edad, vivirá con miedo o con demasiada inquietud.
  • Aceptar y renunciar: tenemos que aceptar a nuestro hijo tal y como es, renunciando a lo que a día de hoy no es, y queriéndole mucho porque el niño que tenemos presente es el niño que nos va a llenar el corazón.
  • Fomentar su autonomía: me encanta ver cuando un padre enseña a su hijo a investigar cosas nuevas, cuando le incita hacer nuevas actividades, cuando fomenta su curiosidad. Si en algo son esponjas en la edad temprana es en la curiosidad y la imaginación.
  • Decirles todos los días que les queremos: que son importante para nosotros, que nuestra vida es mejor con ellos, que gracias a que están ellos, nosotros somos más felices.
  • Equilibrar sus emociones: un niño que no se expresa y se retiene, puede tener mucha contención y miedo a decir lo que le pasa; otro que siempre está sufriendo o en drama tampoco está pasando un buen momento. Debemos ser padres que sepamos gestionar nuestras propias emociones para evitar niños contenidos o reactivos, ya que al fin y al cabo somos su espejo.

Intentando llevar a cabo estas necesidades, el niño o la niña se sentirán acompañados, queridos, valorados y cuando realmente les ocurra algo que necesiten ayuda, sabrán dónde acudir: a sus padres.

¡Sigamos cuidando a nuestros hijos con tanto amor como lo hacemos!

 

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